Arquitectura que dura, los proyectos más representativos de 2025, entre paisaje, ciudad y método
Hay años en los que un estudio no solo entrega proyectos, sino que consolida una manera de hacer. 2025 ha sido uno de esos años para Brunet Arquitectes: un año en el que la arquitectura se reconoce por su claridad, por la calma con la que se conduce el proceso y por esa sensación, difícil de explicar pero fácil de notar, de que todo está pensado antes de que se convierta en problema.
Esa “ventaja” no nace del azar. Nace de un equipo multidisciplinar y de una forma de trabajar que entiende el proyecto como un acompañamiento real, no como una suma de entregables. En Brunet, el valor no está únicamente en el diseño arquitectónico, sino en lo que sucede alrededor de ese diseño: la lectura del lugar, el orden del programa, la coordinación con industriales y proveedores, la coherencia estética entre interior y exterior, y una gestión que protege al cliente cuando aparecen las decisiones difíciles.

Por eso su servicio se percibe como un paquete integral. Arquitectura, interiorismo, paisajismo y gestión de proyecto se coordinan como un solo relato, con control de costes y seguimiento constante para que la obra avance con rigor, sin sobresaltos innecesarios. Es una filosofía que el propio estudio comunica como “soluciones completas y a medida”, integrando diseño arquitectónico, diseño interior, project management y paisajismo. Y que se apoya, además, en una idea muy concreta: el control de costes no es un extra, es una parte central del éxito del proyecto, con planificación, licitación, seguimiento y comunicación transparente.
Dentro de este marco, dos proyectos destacan como los más representativos del año, por ser dos respuestas distintas a una misma ambición: construir bienestar, no solo metros.

Centre d’Interpretació de S’Illot: arquitectura como umbral
El Centre d’Interpretació del Poblat Talaiòtic de S’Illot se concibe como una pieza de transición entre el tejido urbano y la memoria del lugar. Más que un edificio cultural, es un umbral que conecta el presente con un pasado profundamente arraigado en el paisaje de Llevant.
El proyecto adopta una geometría clara y una presencia contenida. Un volumen casi hermético, de fachadas rugosas y aberturas muy controladas, que no busca protagonismo formal sino coherencia simbólica. La luz entra de forma medida, enfatizando el acceso principal y filtrándose a través de pequeñas aperturas circulares que evocan las fisuras de las construcciones talayóticas. De noche, estas se transforman en una iluminación sutil hacia el exterior.


En el interior, los espacios diáfanos y la iluminación natural controlada construyen una experiencia sensorial y pausada. La museografía acompaña sin imponerse, reforzando una atmósfera austera y silenciosa donde el relato es el verdadero protagonista.
La arquitectura se completa al extenderse hacia el exterior. Una pasarela y un mirador conectan el centro con el poblado talayótico, convirtiendo el recorrido en parte esencial de la experiencia. La intervención en el espacio público cercano ordena y acerca el edificio al visitante, integrándolo de forma natural en la vida cotidiana de S’Illot.
Un proyecto contenido y preciso, donde la arquitectura no explica el lugar: lo escucha

Es Fetget: una casa que escucha al paisaje
Es Fetget se sitúa en Llevant, y se plantea como una vivienda unifamiliar que dialoga con el carácter del entorno.
No está a la venta y forma parte de la línea más exigente del estudio en eficiencia y confort, al estar concebida bajo estándar Passivhaus.
Pero, en la práctica, lo interesante de una casa así no es el sello. Es lo que el sello obliga a cuidar: el detalle invisible. Una vivienda pasiva bien resuelta no se presume, se siente. Se siente en la estabilidad térmica, en la ausencia de corrientes, en la tranquilidad acústica, en la forma en que el aire se renueva sin que la casa pierda su calma. El propio enfoque de Passivhaus parte de principios muy claros: aislamiento, hermeticidad controlada y ventilación mecánica con recuperación de calor, para mantener confort sin depender en exceso de climatización convencional.


En Es Fetget, ese confort se traduce en una arquitectura que no busca el gesto rápido. Busca la pertenencia. La casa se apoya en una materialidad que conecta con Mallorca, como sugiere la propia presentación del proyecto, donde aparecen referencias a muros de piedra y a una relación directa con el paisaje. No como postal, sino como estructura emocional del día a día: la sombra que llega a tiempo, la luz que entra sin deslumbrar, el umbral que te separa del exterior sin aislarte del lugar.
Aquí es donde se entiende el valor del trabajo integral: una vivienda de estas características no es solo arquitectura. Es también interiorismo, porque el confort no termina en el cerramiento. Continúa en la textura, en el silencio visual, en el modo en que una casa se vuelve intuitiva. Y es paisaje, porque una casa en Mallorca no se completa hasta que el exterior se convierte en estancia: la terraza que alarga la tarde, el jardín que regula temperatura y privacidad, el recorrido que hace que el entorno no sea un fondo, sino parte de la vida doméstica.
Es Fetget, en resumen, habla de un tipo de lujo menos obvio y más contemporáneo: precisión, coherencia y bienestar sostenido. Una casa pensada para durar, donde el “alto nivel” se nota en lo que no falla.

Adossat Santa Catalina: siete viviendas, una sola idea de hogar (en venta)
Si Es Fetget representa el silencio de una vivienda unifamiliar, Adossat Santa Catalina representa el reto urbano bien resuelto: construir conjunto sin caer en la repetición. El proyecto se desarrolla en Llevant (Manacor), está en venta, y se compone de siete viviendas adosadas con piscina, organizadas en cinco tipologías. Lo más valioso de una promoción así no es la cantidad de unidades, sino la intención: que cada vivienda se sienta habitable de verdad, luminosa, práctica y con una atmósfera propia. En la memoria del proyecto se define una prioridad que marca el tono: crear espacios interiores y exteriores con sensación de amplitud y recogimiento a la vez, con buena perspectiva, luz natural controlada y salubridad espacial.
Esa ambición se materializa en una organización doméstica muy coherente, la que mejor funciona en el Mediterráneo cuando se busca comodidad real: la planta baja como zona de día conectada al exterior privado, la primera planta como refugio nocturno, y una última planta pensada para los usos que mejor se llevan con el cielo, como lavandería y solárium. En otras palabras: la casa no se limita a “resolver” espacios, propone un ritmo.


Hay otro gesto inteligente: el proyecto se piensa en secuencias, en “franjas” funcionales que ordenan sin rigidizar. Eso permite que las tipologías varíen y se adapten a su posición, a sus accesos y a su relación con la calle, sin romper la unidad del conjunto. Algunas viviendas abren su zona noble hacia el chaflán y los viales, otras construyen un eje longitudinal más diáfano. En todas, la zona de día se abre completamente hacia la terraza posterior con piscina, con un exterior que no es accesorio, sino parte del programa.
Y luego está la fachada, que en un proyecto urbano es también una forma de respeto hacia el barrio. La memoria explica que el conjunto se ha diseñado para percibirse como una unidad, con una estética homogénea y sencilla, mediante materiales y acabados comunes, y un remate continuo que unifica la lectura del frente. Esta decisión es más importante de lo que parece: cuando el edificio se entiende como un solo gesto, la calle se ordena y el proyecto envejece mejor.

Adossat Santa Catalina, al estar en venta, se convierte además en una oportunidad muy concreta: acceder a una vivienda contemporánea con piscina, exterior propio y un planteamiento arquitectónico que pone el foco en luz, confort y vida cotidiana, no solo en imagen.
Lo que une a ambos proyectos: método, cuidado y control
A primera vista, Es Fetget y Adossat Santa Catalina parecen hablar idiomas distintos, uno más paisajístico y el otro más urbano. Pero comparten algo esencial: la arquitectura como proceso acompañado. En ambos, el valor no está solo en el resultado final, sino en el camino para llegar a él sin perder calidad por el camino.
Ese es el punto donde Brunet Arquitectes destaca: la coordinación integral y el rigor de gestión. El estudio explica su servicio de control de costes como un trabajo que comienza en la planificación y presupuesto, continúa con análisis de decisiones, licitación y negociación, y se sostiene con supervisión y reportes para mantener el proyecto dentro de lo previsto. Es una forma de trabajar que protege tanto al cliente como al proyecto, porque evita que la obra se convierta en una cadena de improvisaciones.
Queda un tercer proyecto destacado de 2025 que incorporaré cuando me lo pases, para cerrar el relato del año con las tres piezas principales y una narrativa completa.
Destacado: Servicios de Brunet Arquitectes (pack integral)
Un único equipo, un único hilo conductor, de principio a fin. Brunet Arquitectes comunica su enfoque como soluciones completas y a medida, integrando varias disciplinas para que el proyecto avance con coherencia.
- Búsqueda de propiedad / solar (Property Finding): acompañamiento inicial para elegir bien, con criterio técnico y visión de proyecto.
- Diseño arquitectónico: concepto, distribución, volumetría, normativa y definición técnica.
- Interiorismo: coherencia estética y funcional para que la arquitectura se viva desde dentro.
- Paisajismo: integración de arquitectura y exterior, jardinería y espacios vivibles.
- Project Management: coordinación de obra, equipos y tiempos para que el proceso sea ordenado y predecible.
- Control de costes: presupuesto, licitación, seguimiento y correcciones a tiempo para proteger calidad y números.
- Servicios administrativos y acompañamiento continuo: gestión y soporte para que el cliente no se quede solo en ninguna fase.


