Treinta años construyendo una manera de mirar

Brunet Arquitectes celebra tres décadas de arquitectura desde Mallorca. Una trayectoria nacida en Manacor y construida entre paisaje, viviendas, rehabilitaciones, equipamientos y una forma de entender la profesión en la que las personas, el lugar y la responsabilidad ambiental siempre forman parte del proyecto.

Some mornings are made for celebrating, while others, almost without trying, manage to capture an entire story. La del 30º aniversario de Brunet Arquitectes fue una de ellas. Amigos, clientes, colaboradores y proveedores se reunieron en el Cafè T’estim, en Manacor, para compartir un brindis, recuerdos y conversaciones que se alargaron bajo el patio. Treinta años podían leerse allí no como una cifra, sino como una suma de personas, proyectos, decisiones y confianza.

El lugar tampoco era casual. Cafè T’estim forma parte de Estel de Llevant, uno de los proyectos que el estudio ha tenido la oportunidad de acompañar y una obra que explica bien algo esencial en la manera de trabajar de Brunet Arquitectes: la arquitectura no termina en la forma de un edificio. Puede ordenar, proteger, acompañar y contribuir al bienestar de quienes lo utilizan. Celebrar tres décadas allí era, de algún modo, volver al sentido más profundo de la profesión.

Una historia que comienza en Manacor

La trayectoria de Brunet Arquitectes nació en Manacor hace treinta años, lejos de la idea del estudio de arquitectura entendido únicamente como una firma y mucho más cerca de una práctica cotidiana: observar, dibujar, construir, equivocarse, aprender y volver a empezar. Con el tiempo llegaron nuevas personas, nuevas escalas y encargos cada vez más diversos. El estudio creció, pero mantuvo algo que todavía puede reconocerse en su trabajo: la voluntad de entender cada proyecto desde el lugar en el que va a existir.

Esa mirada comienza con preguntas sencillas. Por dónde sale el sol. De dónde llega el viento. Qué había antes. Qué parte del terreno conviene preservar. Qué se verá desde una ventana. Cómo envejecerá una piedra. Cómo se moverán las personas dentro de una casa. En Mallorca esas preguntas importan especialmente. La luz es generosa, pero también intensa; el paisaje invita a abrirse al exterior, aunque exige sombra, orientación y protección; y la memoria constructiva de la isla está presente en el marès, la piedra, los patios, los muros, la vegetación y la forma tradicional de relacionarse con el clima.

La arquitectura contemporánea no necesita imitar el pasado para pertenecer a un lugar. Puede hablar un lenguaje actual y, al mismo tiempo, reconocer lo que ya existía. Ese equilibrio entre tradición, paisaje y una manera de vivir mediterránea aparece de formas distintas en buena parte de la obra del estudio.

Del paisaje rural a la ciudad

En proyectos como Pleta de Son Violí, la vivienda se aproxima al paisaje sin intentar competir con él. Los volúmenes, las terrazas, la piscina, la piedra y el jardín forman un conjunto en el que interior y exterior se entienden como partes de una misma experiencia. No se trata simplemente de construir en el campo, sino de aceptar que cualquier intervención modifica un paisaje que estaba allí mucho antes que el edificio.

En los proyectos urbanos el reto cambia. En una vivienda entre medianeras, una rehabilitación o un apartamento próximo al mar, la arquitectura debe encontrar oportunidades dentro de límites muy concretos. La luz, los patios, las visuales, la ventilación cruzada y la recuperación de espacios exteriores pueden transformar por completo la manera de habitar una casa. Santa Catalina es un buen ejemplo de esa capacidad para trabajar con lo existente y encontrar una nueva relación entre la vida interior, la calle, el patio y la cubierta.

A lo largo de estas tres décadas, Brunet Arquitectes ha trabajado también en equipamientos, rehabilitaciones, vivienda colectiva y proyectos donde la dimensión pública de la arquitectura adquiere un peso especial. Son obras de escalas y programas diferentes, pero unidas por una misma pregunta: cómo puede un espacio responder mejor a las personas y al contexto que lo rodea.

Una convicción ambiental que se adelantó a su tiempo

Hay, además, una línea que con los años ha adquirido cada vez más importancia y que hoy forma parte inseparable de la identidad del estudio: el compromiso con la eficiencia energética y el impacto medioambiental. Mucho antes de que la sostenibilidad se convirtiera en un argumento habitual del sector, Brunet Arquitectes empezó a trabajar de manera decidida con criterios pasivos, arquitectura bioclimática y estrategias destinadas a reducir la demanda energética de los edificios.

Ese recorrido ha situado al estudio entre los pioneros en la introducción y desarrollo de viviendas Passivhaus en Mallorca. No como una etiqueta añadida al proyecto, sino como una manera de proyectar que obliga a pensar desde el inicio en orientación, aislamiento, hermeticidad, eliminación de puentes térmicos, ventilación controlada, protección solar, materiales y comportamiento real del edificio a lo largo del año.

La apuesta tiene especial sentido en una isla. Mallorca dispone de unas condiciones climáticas privilegiadas, pero también de recursos limitados y de un paisaje cuya fragilidad obliga a pensar cómo y cuánto consumimos. Reducir las necesidades de climatización, aprovechar mejor la luz y la sombra, emplear materiales adecuados y disminuir la huella ecológica no son cuestiones independientes de la arquitectura. Son arquitectura.

Proyectos como Son Coix II, Es Rafal de Son Macià y, más recientemente, VOLTOR muestran esa evolución. VOLTOR, una vivienda de 425 metros cuadrados en Port de Pollença con certificación Passive House Plus, lleva esta idea un paso más allá: eficiencia energética, generación renovable, confort y una arquitectura abierta y mediterránea pueden convivir sin contradicción. Los porches, voladizos, huecos y relaciones con el exterior forman parte de la misma lógica que la precisión de la envolvente o la ventilación mecánica.

Quizá esa sea una de las aportaciones más interesantes de esta etapa del estudio. Hacer que la sostenibilidad deje de percibirse como tecnología visible o como renuncia estética. La mejor eficiencia es muchas veces la que no necesita explicarse: una casa que mantiene el confort, consume mucho menos, aprovecha mejor el clima y, al mismo tiempo, sigue sintiéndose como una casa de Mallorca.

Arquitectura que también cuida

Estel de Llevant introduce otra dimensión de esa misma responsabilidad. La intervención consistió en reformar y adaptar un edificio existente en Manacor para crear un nuevo espacio multiservei dedicado a la atención de la salud mental. El proyecto mantuvo el carácter arquitectónico del inmueble y mejoró su funcionalidad, accesibilidad y eficiencia energética.

Organizado alrededor de un patio central que aporta luz natural, ventilación y calidad ambiental, el edificio reúne espacios de atención diurna, formación, talleres, comedor, actividades comunitarias y vivienda tutelada. No necesita grandes gestos para transmitir su intención. Hay proporción, claridad, recorridos comprensibles y espacios que buscan ser luminosos y acogedores. Hay, sobre todo, una idea sencilla: un edificio destinado a cuidar a las personas también debe hacerlo a través de su arquitectura.

Por eso tenía sentido que la celebración del 30º aniversario tuviera lugar allí. En un proyecto donde se encuentran rehabilitación, eficiencia, dimensión social y vida cotidiana. En un edificio que no busca imponerse, sino servir.

Treinta años son también muchas personas

Detrás de cada fotografía terminada hay una historia que rara vez aparece. Reuniones, croquis descartados, planos que cambian, visitas de obra con frío o bajo el calor de agosto, conversaciones con constructores, carpinteros, ingenieros, industriales, artesanos y propietarios. Decisiones aparentemente pequeñas que terminan transformando un espacio.

Y están los clientes, que entregan a un arquitecto algo más importante que un encargo: su confianza. Proyectar una casa significa entrar durante un tiempo en la vida de quienes la ocuparán, entender cómo viven, qué quieren conservar, qué necesitan y qué imaginan cuando piensan en su futuro. Treinta años de arquitectura son también treinta años de relaciones humanas. Esa parte de una trayectoria no puede medirse en metros cuadrados.

Seguir mirando como el primer día

Después de tres décadas se acumulan obras, experiencia, fotografías y recuerdos. Pero hay algo más difícil de conservar: la curiosidad. Llegar a un terreno vacío y volver a hacerse preguntas. Entrar en una casa antigua sin decidir de antemano qué debe desaparecer. Aceptar que cada proyecto puede enseñar algo nuevo. Seguir sintiendo emoción cuando una obra empieza a parecerse a aquel primer dibujo.

Brunet Arquitectes celebra treinta años mirando hacia atrás solo el tiempo necesario para agradecer a todas las personas que han formado parte del camino. Después toca volver a mirar hacia delante, desde Manacor y desde Mallorca, con una arquitectura que ha cambiado y seguirá cambiando, pero que mantiene una convicción constante: construir lugares que pertenezcan a su entorno, que consuman de forma más responsable y que hagan un poco mejor la vida de quienes los habitan.

Treinta años después, quizá esa siga siendo la mejor manera de celebrar la arquitectura.